Llegué, como siempre, por la curiosidad del nombre del curso “Programación Neurolingüística”. Mis intenciones eran las elementales: Aprender
Resulta que me sentí un poco extraña cuando entré al salón y sobre las mesas encontré una serie de juegos para niños, así es… una matatena, rompecabezas de 5 piezas, hojas blancas, plumones, calcomanías, entre otros que no me sé su nombre. ¿Qué era aquello?, comenzó a peder sentido, ¿Era el salón correcto?, Igual me quedé y después de unas horas rescaté varias cosas.
La instructora, una mujer con personalidad, mencionó que el 95% de nuestras acciones son inconscientes, que la excelencia esta en aquello que no vemos, que el agua cambia de estructura molecular si la bendices con la palabra “amor” o “gracias”, que somos agua, que el cerebro rechaza la palabra “no”, que nacemos programados, entre otras.
Sería bastante largo explicar lo que hemos visto durante estos días y probablemente irrelevante. Lo rescatable, esta vez, es que para mi aún queda una esperanza para reprogramarme, así es, se pueda o no se pueda creer, el caso es que para mis múltiples dudas descubrí que puedo hacer lo que se me de la gana, seré inconsciente y también humana. ¡Me encantó ser niña otra vez!
Saquemos la matatena, relajémonos al son “suavemente… bésame… que quiero sentir tus labios besándome otra vez” o “La vida es un Carnaval”, mientras hacemos movimientos de coordinación con las manos. No es necesario aprender, mejor descubramos.
Resulta que me sentí un poco extraña cuando entré al salón y sobre las mesas encontré una serie de juegos para niños, así es… una matatena, rompecabezas de 5 piezas, hojas blancas, plumones, calcomanías, entre otros que no me sé su nombre. ¿Qué era aquello?, comenzó a peder sentido, ¿Era el salón correcto?, Igual me quedé y después de unas horas rescaté varias cosas.
La instructora, una mujer con personalidad, mencionó que el 95% de nuestras acciones son inconscientes, que la excelencia esta en aquello que no vemos, que el agua cambia de estructura molecular si la bendices con la palabra “amor” o “gracias”, que somos agua, que el cerebro rechaza la palabra “no”, que nacemos programados, entre otras.
Sería bastante largo explicar lo que hemos visto durante estos días y probablemente irrelevante. Lo rescatable, esta vez, es que para mi aún queda una esperanza para reprogramarme, así es, se pueda o no se pueda creer, el caso es que para mis múltiples dudas descubrí que puedo hacer lo que se me de la gana, seré inconsciente y también humana. ¡Me encantó ser niña otra vez!
Saquemos la matatena, relajémonos al son “suavemente… bésame… que quiero sentir tus labios besándome otra vez” o “La vida es un Carnaval”, mientras hacemos movimientos de coordinación con las manos. No es necesario aprender, mejor descubramos.
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