lunes, mayo 30, 2005

OJALÁ QUE NUNCA TE FUERAS

Tan sólo de imaginarlo me duele el corazón, se cierra mi cordura y el nudo de la garganta retumba por en mi cabeza también.

Cuando te veía sentado en el sillón de cuero, con tus anteojos y tu cigarro, con las piernas larguísimas y el libro de novelas vaqueras. Siempre, quizá tontamente, sentí que serías eterno.

Podría decirte que recuerdo con inmenso cariño mi infancia, siempre estuviste ahí de una u otra forma. Ir a tu casa siempre fue divertido. ¿Recuerdas que cuando llegábamos amarrabas a los perros porque les teníamos miedo?. Generalmente mi hermana y yo dormíamos en el cuarto donde se escuchan las palomas y como a las cinco de la mañana abríamos los ojillos llenos de sueño sólo para escuchar tus pasos porque ya estabas levantado.

Como un secreto, como aquello que nadie debe de saber, nos llamabas a tu recámara y nos llenabas de dulces. Apenas hacíamos un puñito diminuto para atrapar aquellas delicias, creíamos que no era bueno ser tan avorazadas y quitarte tus caramelos, pero tú nos decías bien bajito “ponga las dos manos mija” y nos dabas más de lo que creíamos merecer, hasta en las bolsitas llevábamos nuestros dulces y siempre fue así.

Si yo escribiera de todo lo que me acuerdo es probable que no termine nunca. Siempre te veías igual y cuando hablabas era conoces miles de personalidades diferentes. Fuiste velador, policía, vendías chicharrón, cultivabas frijoles, viajaste a Estados Unidos, te casaste a los 17 con una mujer que no debías y que causó que tu madre te desheredara o algo así, igual a los 17 eras completamente calvo, incluso mataste gente y nos diste la razón de porque nunca comes pan de panadería y porque desde hace años no tomas pepsi. Tu lucidez, esa chispa y el chiste de siempre te hacen especial.

Aún, no puedo creer que te vayas algún día. Me gusta presumir con mis amigos tus 97 años, siempre dije que llegarías a los 100 mínimo. Y como no voy a pensarlo si de vez en cuando cocinabas, lavabas la cisterna, barrías los patios y aún antes trabajabas en carpintería.

Creo que siempre me impresiono tu tranquilidad, la paz de estar contigo aunque no digamos nada. ¿Recuerdas que mis hermanas y yo somos tus gordas, que Nubia, Alma y Sheila son tus flacas y que Diego y Beto son tus güeros?, tal vez me estoy confundiendo con Beatriz… Te acuerdas cuando se murió, es el único recuerdo que tengo de ti realmente enfermo de tristeza y quizá con la paz turbada. Dijiste que deseabas morirte igual que ella, que la extrañabas a pesar de sus eternas peleas y que ella era tu compañera de más de 60 años, que no te pidieran no estar triste. Aun así seguiste. Ya pasaron 7 años de eso y decidiste quedarte más tiempo con nosotros. Aquella vez pensé que te perdíamos para siempre.

Te ha tocado ver tantas y tantas cosas que no sé como tu mente sigue sin dejar escapar los recuerdos. Así como te veo no puedo imaginar tu dolor cuando se suicido uno de tus hijos. Eres igual un misterio que ya esta por extinguirse.

Gracias por las donas de chocolate, por el yogurt, por el refresco y por las cosas que mi mamá siempre consideró poco sanas, igual por ser excéntrico y parte fundamental de varias charlas.

Tampoco olvido tu trago de tequila todos los días ni las 3 o 4 cucharadas de azúcar cobre el cereal o las enormes cebollas que te comías en el caldo de pollo.

Si pudiera escribir un libro lo sería sobre ti, de eso no cabe duda.

Para mí, sin temor a equivocarme siempre serás el mejor abuelo. Sé que no muchas veces te lo he dicho, es más creo nunca lo he hecho. Te quiero tanto, siempre has sido el consentido abuelito Manuel o abuelito Heidi como te decía en San Andrés.

Cuando crecí supe que las personas tenemos que morir un día, es lo único realmente seguro, pero era tanta mi fantasía que aún me cuesta trabajo pensar que no serás eterno. Ojalá que nunca te fueras Manuel Hidalgo López de Nava Muñoz.

Acaban de diagnosticarte cáncer en el páncreas, dicen que no te duele e incluso reí un poco cuando me enteré que casi huyes del hospital para irte a tu casa, que la enfermera te descubrió justo a tiempo cuando buscabas tu ropa.

Abuelito Manuelito, para mí siempre serás importante y a mis 25 años no quiero que te mueras y si es así sólo pido que no te duela. Te quiero.

miércoles, mayo 25, 2005

ARMAS PARA DESTRUIR EL DESTINO

Hoy, como nunca, me acordé de la promesa de vivir juntos y de aquella vez que arreglando la puerta la dejaste peor… “fíjate bien como se hace, algún día esta también será tu casa ja, bueno tu departamento”.

Fui al cine, y la historia era tan parecida a la nuestra. Igual tenías planes y me dijiste que mientras no tuvieras un buen trabajo, una casa, un auto y otras cosas, no podías pedirme que viviera contigo. También mencionaste que era la única mujer con quien podías pasar más de tres días en compañía mutua. RecuerDo que preferí creerlo independientemente si era verdad o mentira. Nos vimos tan pocas veces y con tantas ganas…

No ha pasado aún mucho tiempo de la última vez que te vi, es decir menos de un año. Después de tu cumpleaños no supe mucho de tu vida, salvo que habías cambiado de trabajo y que el destino te acercaba tanto a mi que parecía en cualquier momento estaríamos viéndonos nuevamente una mañana planeando que desayunar.

Muchas, pero muchas veces pensé que eras lo que llaman destino y es que en mi mente siempre estuvo aquello de “yo te quiero como otra cosa, te quiero para compartir mi vida contigo, no ahora porque es imposible, pero quizá después hagamos algo. Diviértete, haz lo que quieras y con quieras pero no me lo digas, al final vamos a estar juntos”.

Finalmente descubrí que son palabras e igual mudo eras encantador, pero para mí eso ya no era suficiente, te quería aquí, gastando el tiempo conmigo, ya no tenías pretexto porque ahora estabas cerca.

Y apenas unos días atrás te encontré… fue corto el tiempo, mencionaste que te va bien, tienes un nuevo departamento, bueno eso ya lo habías mencionado en otra ocasión e incluso me invitaste a conocerlo, dices que has viajado mucho, que tienes un auto y también dijiste “siempre me acuerdo de ti a las 6:00 de la mañana”… “porque es la hora en que plancho mi camisa”… "Te extraño, quiero que vengas a visitarme", “me voy, pero recuerda que te quiero mucho flaca y te voy a buscar”. Por lo menos conservas el regalo que mandé por Estafeta.

Pero hoy, con la película descubrí que a pesar de mis fantasías no te quiero de destino y he llorado como imbécil porque temo algún día preguntar “¿qué hubiera pasado…?”, pero decidí, como quien decide querer a un niño huérfano, que voy a despedazar cualquier recuerdo y también las fantasías y tal vez ahora lo único que tengo para hacerlo es un suéter gris con el que me cubro en estás horas, lo ha dejado mientras se despedía y me decía que descansara y que lo usara para el frío, y tengo la frase de “yo decidí amarte también con todas mis ganas”, y tengo las horas bajo el agua mientras me besa y tengo las ganas de tenerlo siempre bajo las sábanas donde terminamos con una buena charla y con muchas risas y que bueno, de verdad que bueno que no te tengo a ti.

martes, mayo 17, 2005

NO OLVIDO AL REY

Que soy una ridícula y que también me he puesto cursi, son los rumores que corren por ahí. Mi comadrita, la Banny, lo dice todo el tiempo…

Hace pocos días mi mamá compró en barata un disco de baladas de Elvis Presley, tengo que decir que el hombre me encanta, ¿será su voz?, ¿el toque sexy cuando canta “Are You Lonesome Tonight”? o que me encantaba la serie de Ally McBeal, donde escuché y me enamoré de “Always on my mind”, tal fue el caso que prometí que volvería con el primer ex novio que me la dedicara.

No sé, igual si me he convertido en una ridícula cursi que canta bajo sus sábanas una de sus canciones preferidas de Elvis “I want you, i need you, i love you”

…Ev'ry time that you're near
All my cares disappear
Darling, you're all that I'm living for
I want you, I need you, I love you
More and more…
...Won't you please be my own?
Never leave me alone
'Cause I die ev'ry time we're apart
I want you, I need you, I love you
With all my heart….

Aún no lo sé, quizá ya comienza a oler a amor el ambiente…

sábado, mayo 14, 2005

PIES EN LA TIERRA

Me siento débil ante estas nuevas huellas, caminar deja marcas profundas en la tierra y no sé cómo manejarlo. Hace tanto tiempo que caminaba por encima de las hojas, era como flotar sin tener los pies sobre la tierra. Pero ahora que necesito pisar sobre esta realidad no me gusta y quisiera seguir flotando como antes. Me da miedo sentir lo que ahora siento.

lunes, mayo 09, 2005

EXTRAÑO MI TRISTEZA...

Caminar bajo el halo de tristeza que te cubre, subir y bajar entre la nostalgia que provoca el recordarte, mirar entre las nubes que desaparecen entre formas que se transmutan, viajar entre el cuerpo intacto que supones. Así es el afligido, aquel que no sabe vivir si no es con melancolía, con un nudo que le provoca una lágrima perdida, una lágrima que muchas veces no se asoma. El triste escribe en el papel y llora, busca entre los sueños un sueño más profundo.

Aún recuerdo mi tristeza, y me veo como aquel triste deambulando entre un reflejo. Extraño mis nostalgias, las penas y la soledad de aquellos días.

jueves, mayo 05, 2005

EL DOMINGO

Era domingo, el día destinado a tirarse en un sillón, sacar un libro o dormir todo el día. Los domingo hasta comer da flojera, levantarse de la cama aún más. El sábado había quedado el plan: “tengo una propuesta indecorosa, mañana te llamo y a ver si vamos a algún lado”, la respuesta fue un si acompañado de sonrisa y un beso de piquito.

A las 4:00 de la tarde se subió a bañar, se puso una falda y una blusa negra sin mangas, el calor estaba al máximo esa tarde. Todo el día pensó como sería esta vez, quizá la propuesta era sólo salir a cenar como puercos y ya, o bien transitar cada parte de su cuerpo como los últimos fines de semana. La mente no podía estar tranquila, era una idea tras otra y un palpitar crecía y crecía entre sus piernas, había puesto tanto cuidado esta vez en su ropa interior... Como a la las 5:30 tocó el timbre y se fueron, compraron chocolates, gatorate y caminaron por la calle. Finalmente, llegó la pregunta “¿Qué quieres hacer?”… “Lo que quieras”…. “pero siempre digo yo”… “no importa, decide de nuevo, yo sólo quiero estar contigo”…


Y llegaron besándose para transitar nuevamente por sus cuerpos, su domingo fue distinto.