O..., que trances tan infaustos atormentan tu cabeza! Pero más terrible sería condenarlos al silencio, son el tipo de secretos que al callarlos más te gritan. Son suplicios de conciencia, malas horas de sueño, reprimendas y lamentaciones, arrepentimientos y la profunda duda de encontrarte en una caverna en la más negra oscuridad y caminar buscándo la salida sin saber si caminas en la dirección correcta o si por el contrario, más te entierras o si tiene un laberinto de intestinos en la negrura.
Leo que estás rescatando esas frases escuchadas con simplería pero que te marcan porque remueven la fibra más sensible de los hombres en los momentos más vulnerables de su juicio. Ser feliz en todo momento no es cosa fácil, se le invierten muchas horas y te das cuenta que se resume en un ejercicio de prueba y error; Los errores duelen porque implican un nuevo comienzo. Los apostolados y la beatitud son demasiada pretensión, mucho se ayuda no jodiendo al prójimo, viviendo con frugalidad, prudencia y honradez; las madres Teresas son excepciones.
La felicidad no es inamovible, podemos ser destronados cuando creemos haberla conquistado, porque la confundimos con embeleso, frenesí, idilio o rutina.
La felicidad tiene muchos orígenes, he conocido personas que sin estar apareadas son felices, yo mismo me pregunto cómo lo hacen. En fin, estoy convencido de que hay múltiples actividades y personas que aportan dosis inesperadas de felicidad sin meterse en terrenos pegajosos y difíciles de la convivencia.
No le tengas miedo a la otredad, como la llama Octavio Paz, la otredad existe dentro de cada uno de nosotros, pero a contra corriente nos empeñamos en pertenecer a una u otra categoría sin admitir variaciones, matices, zonas grises, colores pastel... deslices.
Cuéntame tus secretos y los guardaré por todo el tiempo que no los quieras contigo.
A cambio, te contaré dos secretos, cosas que desde el lugar que ocupo en la otredad, he han enseñado que todos somos de color pastel, que nada es verdad, nada es mentira, todo es según del color del cristal con que se mira.
Te quiero más y te extraño tanto tanto. Vamos a ver si podemos repararte el ánimo y analizar con la objetividad del extraño esa confusión.
Como dice Cantinflas, "no llore, no sea tontita"
te mando millones de abrazos

