
La primera vez fue un cojín para descansar los pensamientos, ordenarlos y reposar sobre esas ideas cubiertas por el exquisito sabor de las nuevas emociones; un libro de Gabriel García Márquez que materializaron sus más profundas fantasías e ilusiones.
La segunda vez fue una memoria USB de 256 MB para almacenar los buenos momentos y pasarlos al CPU de la cabeza olvidadiza; una chamarra calientita para abrazar esos recuerdos que comenzaban a ser parte de la vida diaria.
Y esta vez, ¿qué regalos navideños pueden ser?
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