sábado, enero 29, 2005

LA HISTORIA SIGUE ABIERTA

El domingo no era su día preferido para salir, elegía quedarse a leer o ver televisión. Fue un verdadero milagro que su amiga la convenciera de ir al café de la tarde.

Como siempre, esperaba que algo sucediera. Siempre la fascinó el gusto por lo inesperado, por aquello que no se planea, los eventos fortuitos llamaban enormemente su atención. Y cuando más divertida estaba la plática para sus amigos, y más aburrida para ella, recibió un mensaje y pensó “¿qué puedo perder?”. Tomó su bolsa, su abrigo y se despidió si dar explicación.

Abordó un taxi y en el trayecto comenzó a recordar… ¿sería lo mismo ahora?, ¿era válido dudar ya que todo su cuerpo estaba decidido a llegar?, intentó buscar respuestas en su mente revuelta y aburrida, pero no pudo encontrarlas porque cuando despertó de su letargo ya estaba en la puerta y el timbre terminó de animarla.

Él abrió y no dijeron nada, entraron a la casa y ella buscó entre las sombras un mueble, un cuadro, algún objeto que le pareciera familiar. Y cuando menos lo esperaba sintió sus manos en la cintura, percibió su olor más cerca que nunca. No importaron las penumbras, había encontrado un elemento familiar, lo desconocido tomó forma en sus recuerdos cuando volteó para mirarlo y recordó aquella barba entre sus pechos.

La historia sigue abierta…

viernes, enero 28, 2005

MI SALVACIÓN

“Me acobardó, la soledad
y el miedo enorme de morir lejos de ti
que ganas tuve de llorar
sintiendo junto a mi
la burla de la realidad
y el corazón
me suplicó
que te buscará y que te diera su querer
me lo pedía el corazón
entonces te busqué
creyéndote mi salvación…”


Así versa el Tango y mi mente evoca aquel momento en que te creí mi salvación

jueves, enero 20, 2005

BUSCAN LO MISMO

Buscan lo mismo, caminan y descienden por iguales caminos, hacen suyas la piedras, las ramas y esos obstáculos para encontrar.Pero el camino tiene un punto de choque, unión e infinito que no cambia y allí llegarán sin pensarlo siquiera.


Están solos, tienen miedo y andan con desconfianza, midiendo los pasos; que no sean muy largos ni cortos, temen estrellarse con un igual, un melancólico de la tristeza, aquel que extraña la soledad pero se aleja de ella sin conseguirlo si quiera un poco.


Si sus miradas se cruzan se ven como extraños, como aquellos que pasan sin pensar por un lado, como los que miran el suelo porque no hay más que eso.


El camino de uno es paralelo al otro, eso creen ellos y por lo mismo no se preocupan, piensan que nunca llegarán al punto de unión. Pobres diablos se piensan, no estarán con uno como ellos, no permitirán que un triste traiga más tristeza para que nunca se termine. Prefieren alejarse de ellos mismos, apartarse un poco saltando las piedras, perdiendo tiempo y llorando de vez en cuando.


Pero el camino ya casi termina e incluso las piedras desaparecen, todo es más fácil y eso asusta. Están temerosos del final, de llegar a ver a ese que los espera. Sin embargo, son ellos, los que no querían estar, y los corazones negros de encuentran.

miércoles, enero 19, 2005

CON ANTOJO DE TLACOYO


MONTERREY, NL.- El estómago se retuerce como lombriz con sal y siento el enorme hueco, miro apresurada el reloj de pulsera y marca la 1:30 de la tarde; es la hora de comer. Todo se antoja y es que variedad de comida en México es lo que sobra, desde las tortas ahogadas de Jalisco, el mole negro de Oaxaca, las empanaditas de pescado en Veracruz, las tortas de lomo de lechón de San Luis Potosí y otros miles de platillos que me hacen gritar por su ausencia y babear sólo de imaginarlos. No cabe duda que si algo podemos presumir los mexicanos es la gastronomía del país.

Acelero mi huída hacia alguna parte con aroma de comida recién preparada. Mientras acomodo los papeles dispersos sobre el escritorio llega el ensueño de una mesa repleta de todos los platillos imaginables. Súbitamente me despierto de mi letargo, pues la tripa reclama de nuevo que me apresure, y llega la pregunta: ¿Si frente a mí estuviera esa mesa, cuál sería la elección?... No cabe duda, no hay equivocación, ¡tengo la respuesta!: quiero comerme, engullirme, devorarme, zamparme, atiborrarme, un delicioso e inigualable TLACOYO DE FRIJOLITOS, con nopales y queso espolvoreado.

Viene a mi mente el recuerdo de la Marquesa, los puestos a medio día un dominguito con la familia o los amigos. Una señora se pavonea contenta frente a su parrilla mientras prepara tortillas de nixtamal de color oscuro por el maíz, que se torna morado azuloso, con un sabor particular que alegra y hace saltar mis papilas gustativas cada vez que los pruebo. Después los rellena de frijoles, chicharrón, habas o requesón.

Los Tlacoyos, palabra que viene del náhuatl tlataoyo, son considerados un antojito típico del centro del país y delicia deambulando en cada esquina del Estado de México. Recuerdo en particular los de Toluca, cuando salía de clases y me comía uno de chicharrón. Son sabrosísimos para el hambre de la mañana, exquisitos a la hora de la comida y deliciosos cuando tenemos un hambre que carcome las entrañas al anochecer.
Así es, tlacoyos, caldo tlalpeño, tamales, corundas, pellizacadas, papadzules, y cientos y cientos de platillos específicos de cada región del país que no sólo dan gusto y regocijo al paladar, satisfacción al estómago; sino que nos recuerdan un momento, una época, un lugar y evocan las mejores cosas de la vida.

Me ha dado más hambre, he recordado mi ciudad, pero también ha llegado la tristeza… ¡en Monterrey no venden tlacoyos! ¿Tendré que comer machaca con huevo?

domingo, enero 16, 2005

1...

Ya no importa nada el tiempo,
Te has escapado en la madrugada del sueño,
De aquel sueño que no es sueño,
Intranquilo, caluroso, interminable.


Y llegó la mañana sin ti,
Sin pensamiento y cansancio,
Con pasos largos y pesados
Que desmayan al pisar.


Vendrá la noche
Y temo su llegada.
Incertidumbre de nuevo,Dormir sin hacerlo

viernes, enero 14, 2005

El PEDAZO DE NOCHE QUE DEJASTE (Té de limón...)

Me levanté de la silla del insomnio y me asomé por la ventana. La oscuridad dejaba un leve rocío de claridad que despejaba mis penumbras y pensé en ti por un instante. Apenas mis piernas lograban sostenerse, mirándose ellas mismas como extrañas y no lograban coordinar. El té ya estaba helado y no importaba demasiado, igual seguí bebiéndolo mientras el frío de la madrugada me erizaba todo el cuerpo.
Recordé...
Miré mi rostro en el espejo y me acurruqué en la cama esperando el sueño. Dormitaba entre las sábanas azules, entre las sombras de los muebles que me miraron inmóviles.
Permití que te marcharas aquella vez, detuve mis pasos y no traté de detenerte, jamás lo haría. Tomaste tu maleta negra que aguardaba debajo de la cama y en ella te guardaste mis ganas y mis deseos de amarte siempre. También empacaste la ropa, sacaste los abrigos y un sombrero texano que nunca usabas.
Me levanté unos momentos y miré de nuevo por la ventana, el aire penetraba cada espacio y me llevó hasta tu lado de la cama. Hacía tanto tiempo que ya no dormías allí... pero pensé que tal vez quedaba algo de tu aroma, me equivoqué. Te llevaste todo y me daba cuenta en ese instante. No encontré los tenis gastados de los fines de semana, ni la foto de tu hijo que mirabas por las noches antes de dormir, no encontré tu silueta a media noche tratando de buscar acomodo en un lugar de nuestra cama. No hubo nada de ti entonces, ni el ronquido boca arriba, ni los sellos en las cartas que enviabas a tu madre cada mes.
Te dio tiempo de empacar hasta los tacones altos que yo usaba para verme de tu altura, y el vestido negro de las fiestas importantes, no quedaba nada de ti e incluso de mí, a veces ni el recuerdo.
Abrí la caja de las fotografías, intenté hallarte en ellas para perdonarte un poco el abandono, no estabas, te encargaste de llenar mi alma de arrebatos locos, empacaste también mi cordura y recordé que ya las había quemado. Sentí furia contra ti, odio y te desprecié tanto que me cupo en la mano la medalla que me diste y la lancé a través de la ventana.
Me pareció absurda tu partida, tus locuras de cargar con todo aquello que pensaste te pertenecía. Ridículo te viste cargando con la silla de colores llamativos, apenas hubo espacio en tu camioneta para llevarte también los cuadros de motocicletas que compramos juntos en el bazar. Ya poco te faltaba para cargar con el refrigerador y un estéreo, pero recordaste entonces que yo puse más de la mitad de esos aparatos cuando los compramos.
Y me quedé callada, permití que te quedaras con lo que deseabas, incluso si era mío, fue así que la colección de discos de boleros no está aquí acompañándome.
¡Quédate con todo!, ¡no me importa!, puedes vender los discos y los libros que empacaste. Si deseas conserva aquellas cartas que escribí en los aniversarios, incluso sácale provecho a los regalos que te di durante años, ¡no me importa!. Y soy tan espléndida y caritativa que te regalo mi cariño, te regalo el tiempo perdido junto a ti, te obsequio el amor que al final de cuentas siempre es el mismo. Quédate con todo lo que necesites de mí. Puedes venir de nuevo y llevarte las humillaciones porque ya no las quiero y no las necesito, si deseas te regalo mis lamentos de las tardes cuando quiero ver un programa de televisión y no puedo porque también empacaste el televisor.
Y al final ya tienes todo de mí, mis deseos, mis odios, mi amor inconcluso. Pero por favor ven sólo un día más y llévate contigo lo único que me dejaste... el pedazo de noche en que te pienso.

miércoles, enero 12, 2005

TERMINAL

Mi cara era la de una niña abandonada por sus padres resignada a no verlos más. El calor era insoportable pero decidí usar el suéter naranja que llevaba puesto cuando llegué porque no tenía intenciones de cargar más y más cosas. Era el día destinado para partir y la terminal de autobuses en Monterrey no era el mejor lugar para llorar.
Traía en las manos las flores que me regaló antes de irme, estaban tan apachurradas como mi ánimo. Eran tres las gerberas que recibí de mala gana y con desprecio. Al final descubrí que era lo único que me quedaba de aquel viaje pues las respuestas a todas mis preguntas se quedaron en el departamento del hombre de mis sueños, fue entonces cuando más amé tener esas flores e incluso sacrifiqué mi sed para que vivieran más tiempo y abrí mi botella de agua. Él me dijo: “Te las doy con todo el corazón, te van a durar una semana” y pese a todos mis argumentos contrarios… las flores duraron una semana.
Cuando se despidió me dio un beso en la mejilla, su amigo lo acompañaba y nos dio vergüenza decir y hacer lo que sentíamos. Se dio la vuelta, llegó a la puerta y viró nuevamente, creí conveniente llamarlo con un ademán y corrió a mi lugar… apenas rocé su boca, sabíamos que un beso bien dado nos detendría ahí y ninguno partiría…se fue.
Aún me veo sentada, esperando que el reloj marcara las 11:00 pm para tomar el autobús, recuerdo como tuve que mirar el suelo para aguantarme las ganas de llorar.

domingo, enero 09, 2005

NO ME IMPORTA Y VUELVO A ARDER

Recorres cada zona del infinito de ideas de mi mente, llegas e interrumpes mis benditos pensamientos, te vas…. y regresas, lo peor es que siempre estoy esperando ese momento...
Camino sobre las llamas y todo se detiene mientras arden mis pies.
Bajo lentamente hacia el infierno que eres tú y nada importa entonces.
¿Pero que hago mientras te pienso y las cenizas de tu paso me consumen?.
No hago nada y dejo que todo destile hacia la destrucción de sentirte un poco sobre mi piel.
Y cuando llega el caos y los gritos se vuelven insoportables todo termina en un último aliento.
Volteo nuevamente y te miro sobre la cama... inescrutable, incognoscible, indescifrable, inescudriñable, insondable… así son tus pensamientos entonces. No me importa y vuelvo a arder.

viernes, enero 07, 2005

TÉ de LIMÓN

No era muy temprano, aun así el sueño dominaba los párpados y sólo el colchón deforme la aventó bruscamente de la cama. Un camisón casi trasparente cubría las formas de la soledad. El frío era intenso fuera de la cobijas, apenas un respiro y se congelaba todo alrededor, pero no importó entonces.

Embriagada de deseos caminó lentamente a la cocina, tomó los cerillos largos que se encontraban en la mesa y encendió la estufa, buscó la tetera que años antes le heredara su abuela y calentó agua con hojas de té de limón. La cocina adquiría cierto calor pero ella prefería ir a la venta y ver como la gente caminaba sin mirarla, era como un espía, oculto en las sombras, viendo como los niños hacía travesuras a sus padres y como los amantes se besaban sin pensar. Se divertía, se frotaba constantemente los brazos desnudos y también jugaba en la ventana con su aliento. Se escuchó un silbido, era tiempo de retirar el té del fuego.

Con la taza en la mano, y junto a la ventana, tomó el primer trago y esa sensación la satisfizo completamente, el calor la recorrió tan lenta y suavemente que apenas pudo respirar. La última gota se escapó de la taza y apenas pudo mover la mano cuando sintió aquella tibieza por sus pechos.
El sabor amago que le dejaba el té de limón le recordaba sus besos.