La lluvia cae tan fuerte que no me deja dormir. Doy vueltas y vueltas en la cama, el cansancio es excesivo pero las gotas enormes de la lluvia no me quieren ayudar. A veces ese ritmo monótono de la caída me arrulla entre el agotamiento y las ganas de despertar placidamente bajo mis cobijas calientitas, pero hoy no puedo dormir.
Miro al techo e imagino. Torno a la derecha y pienso en todo lo que debo hacer al día siguiente. Torno a la izquierda y logro 5 minutos que no me ayudan a descansar en lo absoluto pues tengo un mal sueño que me obliga a abrir los ojos.
Entonces recuerdo lo que me decía mi papá cuando era niña y no podía dormir, recuerdo como se acercó entre la obscuridad para ayudar a mi hermana a conciliar el sueño cuando en una pesadilla ella era uno de los sobrevivientes de los Andes. Es un secreto que nadie sabe, una fórmula oculta que incluso te salva de los malos presagios o de un presentimiento maligno.
Me acomodo del lado preferido de mi cama abrazo con todas mis fuerzas un cojín y un muñeco. Trato de no errar el ritual que nos enseñó mi padre. Duermo profundamente y la lluvia cesa en su caída múltiple del insomnio.
Miro al techo e imagino. Torno a la derecha y pienso en todo lo que debo hacer al día siguiente. Torno a la izquierda y logro 5 minutos que no me ayudan a descansar en lo absoluto pues tengo un mal sueño que me obliga a abrir los ojos.
Entonces recuerdo lo que me decía mi papá cuando era niña y no podía dormir, recuerdo como se acercó entre la obscuridad para ayudar a mi hermana a conciliar el sueño cuando en una pesadilla ella era uno de los sobrevivientes de los Andes. Es un secreto que nadie sabe, una fórmula oculta que incluso te salva de los malos presagios o de un presentimiento maligno.
Me acomodo del lado preferido de mi cama abrazo con todas mis fuerzas un cojín y un muñeco. Trato de no errar el ritual que nos enseñó mi padre. Duermo profundamente y la lluvia cesa en su caída múltiple del insomnio.
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