Llegó el momento y no puedo evitar la tristeza aunque pensé me sentiría peor. De alguna forma es un descanso, prefiero que nunca vuelvas a sufrir. Lo que ahora me preocupa es Vicky, hoy me dijo que habías muerto mientras entraba a mi cuarto, lucía muy tranquila. Cuando entré a su recámara estaba llorando y no pude decirle nada, era apenas ese llanto que se asoma, que a pesar de querer evitarlo te duele y hay que continuar. Me dio las miles de instrucciones que tengo que seguir mientras ella te acompaña. Es tan linda y especial, la he visto llorar tan pocas veces que no puede evitar sentirme mal. No te podré acompañar esta vez Abue, tampoco te visité estos tres días que estuviste en el hospital. ¿Te das cuenta? Pasó exactamente lo mismo que cuando murió Beatriz. Recuerdo que acababa de cumplir 18 años, recogí mi credencial de elector dos días antes de ir al hospital. Llegué al horario de visitas con mis pantalones de pants color gris, una sudadera rosa y peinado de colita de caballo, estaba lista para despedirme de ella, sólo que me olvidé de mi credencial de elector y al llegar a la puerta el policía no me creyó que era mayor de edad y no puede verla. Al final de cuentas Pollín me dijo: “Peque, que bueno que no la viste, fue muy feo verla tan mal, creo que ella prefiere que la recuerden cuando estaba bien” y ahora que lo pienso prefiero recordarte cuando estabas bien (que de hecho no parecías tan enfermo, según me dicen, sólo te veías amarillo) con los gorritos de bolitas para cubrir tu calvita del frío, con tu postre favorito: cucharadas de miel, con tus barbas que me picaban la cara cada vez que te daba un beso, con la risa al burlarte de alguna cosa, con tu voz y la silueta enorme y larga de cuando era niña, calentando la comida de los perros, martillando un nuevo librero, arreglando las plantas y bebiendo tequila en la mañana como desayuno. Te diría que te extrañaré, te diría hasta luego pero no lo hago porque siempre vivirás en este corazón de niña que te quiere y te agradece la maravillosa mamá que le regalaste. Ahora cada vez que tomé un trago de tequila será a tu salud. Yo sé que ya no me preocuparé si un día Vicky o Alberto se me van, estás para ayudarlos. Acuérdate que no te olvido como no he olvidado a mi abuelita Beatriz, gracias por esperarte y no correr con ella como lo habíamos pensado, que bueno que nos dejaste estar contigo unos años más… |
jueves, junio 02, 2005
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