En el espacio vacío cabe el aire e incluso el recuerdo, las dimensiones pueden ser tan diminutas como gigantescas dependiendo de la imaginación y la necesidad de escape. El espacio vacío es una silla color naranja ubicada en la esquina derecha de un comedor, estratégicamente situada cerca de una cocina para robar el aroma de un buen guiso. En la silla del espacio vacío me subo y la pisoteo cuando tengo miedo, también me siento serenamente a platicar, a comer o relajarme. Desde este lugar mágico veo a la gente platicar, discutir, reír. Soy una simple observadora de almas parecidas a la mía. Pero en el espacio vacío puedo dejar bloques enormes de cemento, pueden ser miles y no se romperá jamás. Dejo de vez en cuando las frases hechas y el dolor absurdo que me provoca mi propia mente ociosa, auque no siempre la cosa es tan dramática pues de igual forma necesito un lugar para reunir los recuerdos maravillosos, necesito verlos todos juntos aventándose unos a otros, demostrándome que esta vida ha sido simple y sencillamente extraordinaria. En el actual espacio vacío el aire atraviesa, regresa, se recicla y a veces se detiene. Hoy sólo dejaré tres cosas, no quiero saturarlo pues habrá muchas otras ocasiones para atiborrarlo de tristeza o de felicidad. Entonces hoy dejo en el espacio vacío: Una vista al parque de los pescados cuando tenía 6 años con todas las personas que jamás cambiaría y por quienes daría la vida entera. Dejo el miedo, pero también el asco que me dio mi primer beso, ahora recordarlo me mata de risa. Y por último dejaré este dolorcito de muela que al parecer incrementará en las siguientes horas o los siguientes días si no voy al dentista. Todo lo dejo para recordar lo bueno, para olvidar lo malo y para reír un rato. |
domingo, junio 26, 2005
EL ESPACIO VACÍO
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