Cuando los gatos la vigilan es imposible conciliar el sueño. La observan fijamente mientras se quita la ropa para entrar a la cama, no pierden de vista el detalle de los hombros delgados en donde caen suavemente los tirantes del camisón azul transparente que usa los días de intenso calor. Ella siente las miradas penetrantes de los felinos, pero no es motivo para entrar corriendo bajo las sábanas, al contrario. Comienza pausadamente y termina de la misma forma tranquila. La hora de dormir es un ritual que espera durante todo el día, en ese momento todos los gatos llegan al balcón y ella los domina sin saberlo. Los pícaros la miran con sus ojos verdes y amarillos, de vez en cuando se escucha un maullido, pero en general todo transcurre en silencio...
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