Esperaba en el bar, la música era buena e incluso “pretty woman” me puso de excelente buen humor. Durante la tarde estuve pensando que usaría en el cuello para la noche. Probé con todos mis collares pero ninguno me convencía del todo así que decidí guardar tres en la bolsa de mano y salí de casa.
Con mis amigos llegamos a la barra del lugar, algo inusual en nuestras salidas y yo me sentía más bien como en una cantina pero sin música de José Alfredo Jiménez.
Me vi en el espejo y recordé lo del collar, entonces vino a mi mente una tira de cuero color negro que traía en la mano, la desamarré y comencé con un nudo. Cuando lo hice recordé una de mis frustraciones y creí conveniente dejarla atrapada con aquel nudo. Descubrí que era relativamente sencillo deshacerme de lo que no me gustaba simplemente confeccionando collares de nudos negros. Entonces anudé a D, A, H, J, R, F y otros más, no me olvidé de incluir los problemas laborales, los vicios personales y la huída a Monterrey. La tira de cuero se redujo en demasía y ya no me servía para collar, tuve que eliminar algunos nudos para poder usar mi collar sin que me matara de asfixia. Lo usé toda lo noche y lo lucí como quien presume una joya de verdad.
Cuando regresé a casa me quité el collar, lo vi, pensé en dejarlo como estaba pero supe que a veces necesito los nudos para seguir siendo quien soy, así que desamarré cada uno de ellos y me dormí.
Con mis amigos llegamos a la barra del lugar, algo inusual en nuestras salidas y yo me sentía más bien como en una cantina pero sin música de José Alfredo Jiménez.
Me vi en el espejo y recordé lo del collar, entonces vino a mi mente una tira de cuero color negro que traía en la mano, la desamarré y comencé con un nudo. Cuando lo hice recordé una de mis frustraciones y creí conveniente dejarla atrapada con aquel nudo. Descubrí que era relativamente sencillo deshacerme de lo que no me gustaba simplemente confeccionando collares de nudos negros. Entonces anudé a D, A, H, J, R, F y otros más, no me olvidé de incluir los problemas laborales, los vicios personales y la huída a Monterrey. La tira de cuero se redujo en demasía y ya no me servía para collar, tuve que eliminar algunos nudos para poder usar mi collar sin que me matara de asfixia. Lo usé toda lo noche y lo lucí como quien presume una joya de verdad.
Cuando regresé a casa me quité el collar, lo vi, pensé en dejarlo como estaba pero supe que a veces necesito los nudos para seguir siendo quien soy, así que desamarré cada uno de ellos y me dormí.
Quizá otro día me vuelva a ganar la ociosidad, la indecisión y las pocas ganas de saber de ti, será cuando vuelva a sacar mi tira de cuero negro para crear un nuevo collar que adorne mi atuendo nocturno.
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