miércoles, enero 12, 2005

TERMINAL

Mi cara era la de una niña abandonada por sus padres resignada a no verlos más. El calor era insoportable pero decidí usar el suéter naranja que llevaba puesto cuando llegué porque no tenía intenciones de cargar más y más cosas. Era el día destinado para partir y la terminal de autobuses en Monterrey no era el mejor lugar para llorar.
Traía en las manos las flores que me regaló antes de irme, estaban tan apachurradas como mi ánimo. Eran tres las gerberas que recibí de mala gana y con desprecio. Al final descubrí que era lo único que me quedaba de aquel viaje pues las respuestas a todas mis preguntas se quedaron en el departamento del hombre de mis sueños, fue entonces cuando más amé tener esas flores e incluso sacrifiqué mi sed para que vivieran más tiempo y abrí mi botella de agua. Él me dijo: “Te las doy con todo el corazón, te van a durar una semana” y pese a todos mis argumentos contrarios… las flores duraron una semana.
Cuando se despidió me dio un beso en la mejilla, su amigo lo acompañaba y nos dio vergüenza decir y hacer lo que sentíamos. Se dio la vuelta, llegó a la puerta y viró nuevamente, creí conveniente llamarlo con un ademán y corrió a mi lugar… apenas rocé su boca, sabíamos que un beso bien dado nos detendría ahí y ninguno partiría…se fue.
Aún me veo sentada, esperando que el reloj marcara las 11:00 pm para tomar el autobús, recuerdo como tuve que mirar el suelo para aguantarme las ganas de llorar.

1 comentario:

Pollinenfuga dijo...

Ni uno más como estos... es para llorar, llorar, llorar...