sábado, enero 29, 2005

LA HISTORIA SIGUE ABIERTA

El domingo no era su día preferido para salir, elegía quedarse a leer o ver televisión. Fue un verdadero milagro que su amiga la convenciera de ir al café de la tarde.

Como siempre, esperaba que algo sucediera. Siempre la fascinó el gusto por lo inesperado, por aquello que no se planea, los eventos fortuitos llamaban enormemente su atención. Y cuando más divertida estaba la plática para sus amigos, y más aburrida para ella, recibió un mensaje y pensó “¿qué puedo perder?”. Tomó su bolsa, su abrigo y se despidió si dar explicación.

Abordó un taxi y en el trayecto comenzó a recordar… ¿sería lo mismo ahora?, ¿era válido dudar ya que todo su cuerpo estaba decidido a llegar?, intentó buscar respuestas en su mente revuelta y aburrida, pero no pudo encontrarlas porque cuando despertó de su letargo ya estaba en la puerta y el timbre terminó de animarla.

Él abrió y no dijeron nada, entraron a la casa y ella buscó entre las sombras un mueble, un cuadro, algún objeto que le pareciera familiar. Y cuando menos lo esperaba sintió sus manos en la cintura, percibió su olor más cerca que nunca. No importaron las penumbras, había encontrado un elemento familiar, lo desconocido tomó forma en sus recuerdos cuando volteó para mirarlo y recordó aquella barba entre sus pechos.

La historia sigue abierta…

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